Capítulo 2:
Comienza la búsqueda
Tras descansar
durante toda la noche, llegó la mañana y todos los chicos del campamento
salimos a continuar con la búsqueda. Cada equipo fuimos a buscar el tesoro. Mi
equipo fuimos a buscar por otro lado diferente, es decir por alrededor del lago
y los demás equipos buscaron también por otros sitios más alejados del lago.
Cuando llegó la tarde en lugar de seguir con la
búsqueda, los monitores nos dijeron que íbamos a jugar a unos juegos. Las
chicas empezamos a jugar al baloncesto y ellos al fútbol. Estuvimos un rato
jugando y luego continuamos con la búsqueda.
Horas más
tarde los monitores nos preguntaron si habíamos encontrado algo, pero ningún
grupo habíamos encontrado nada.
Al día
siguiente reanudamos la búsqueda y cuando íbamos caminando por el campo los de
mi equipo, el azul, encontramos una especie de papiro doblado en una esquina.
Mi compañero Adrián se acercó para comprobar qué era.
Al
agacharse comprobó que se trataba de un mapa que parecía guiarnos hasta algún
tipo de tesoro o pista relacionado con la actividad que nos mandaron los
monitores.
Cuando nos
lo dijo Adrián no nos lo creíamos. En un principio, los cinco componentes de mi
equipo; Jesús, Clara, Adrián, David y yo, Lorena, nos quedamos sorprendidos.
De
repente dijo Jesús: -Chicos, no podemos quedarnos parados pensando si esto es
verdad, adentrémonos.
De esta
forma, entramos en la cueva y vimos que era cierto.
Pudimos comprobar que la
cueva era un poco pequeña y por las paredes observamos que había un poco de
sangre y en el suelo había muchas pisadas, aunque no parecían recientes.
Estuvimos observando un
poco lo que había dentro de la cueva, pero ya no encontramos nada más. Al rato decidimos
salir de la cueva y queríamos continuar con la búsqueda pero nos dimos cuenta
de que ya se estaba haciendo de noche, así que nos fuimos a las tiendas de
campaña.
Al día siguiente antes de desayunar, mi grupo y yo nos reunimos para hablar de la cueva que habíamos encontrado en la playa. Hicimos la promesa de no contar a nadie lo que la tarde del día anterior había sucedido.
Al día siguiente antes de desayunar, mi grupo y yo nos reunimos para hablar de la cueva que habíamos encontrado en la playa. Hicimos la promesa de no contar a nadie lo que la tarde del día anterior había sucedido.
Aunque no habíamos encontrado nada en la cueva, teníamos la extraña sensación de que algo sospechosamente turbio podría haber sucedido tiempo atrás.
Lo mejor
de toda esta situación era que teníamos todo el verano para descubrirlo. Y lo
más emocionante es que era “nuestro secreto”.
CONTINUARÁ...
CONTINUARÁ...



