Capítulo 3:
Un despertar tenebroso
A la mañana siguiente Rubén despertó en una sala que nunca había visto
antes. No sabía qué hacer en la casa estaba desorientado pero al fondo vio algo,
una sobra como de algún ser inerte
tirado en el suelo. Se acercó y era Alejandro. No podía creérselo, lo había
encontrado. Intentó reanimarlo y cuando pensó que estaba todo perdido, escuchó
una tos profunda.
- Rubén estás vivo; ¿cómo me has encontrado?
-Es una historia muy larga, salgamos de aquí y te contaré todo.
Tenemos que encontrar a Cristian antes de que lo hagan ellos.
Encontraron una puerta cerrada e intentaron buscar la llave, pero
en lugar de eso, encontraron un clip e intentaron forzar la cerradura.
Con mucha paciencia consiguieron abrir la
puerta.
Rubén y Alejandro ahora estaban juntos y unidos en la búsqueda de
Cristian. Se adentraron en un pasillo largo, muy largo. Tanto que no se
alcanzaba a ver el final. En aquella casa tenebrosa no había luz alguna, solamente podían seguir hacia delante a oscuras, asustados.
Llevaban muchas horas dentro de la casa, debía estar amaneciendo
ahí fuera. Las ventanas estaban cerradas a cal y canto por lo que no podían
comprobarlo pero algún destello se vislumbraba por las ranuras de las ventanas.
Rubén se acercó a una pared para
descansar y de repente paso se rompió la pared.
No era una pared, sino una
ventana. La luz cegó a Rubén, habían estado durante mucho tiempo a oscuras.
Tardaron en recuperar la visión y
cuando consiguieron ver con claridad divisaron una silueta malformada corriendo
y sosteniendo algo o alguien en brazos.
Rápidamente pensaron que sería el monstruo o abominación aquello que acababa de
pasar en frente suyo. También pensaron que ese alguien que llevaba en brazos,
podría ser Cristian.
Decidieron perseguirle a través
de los pasillos de la casa sin hacer ruido. Gracias a la luz que salía de la ventana pudieron
ver hacia dónde se dirigía pero para su sorpresa aquel extraño ser desapareció
de repente a través de una pared.
Ellos no sabían ni cómo ni cuándo había entrado en la pared y
tampoco cómo acceder a ella. En ese momento lo único que les preocupaba y les
animaba a seguir era Cristian.
Miraron al frente y
observaron una especie de pasadizo y una puerta que accedía a él. Se dispusieron
a bajar y cuando estaban a punto
de cruzar la puerta, ésta se cerró en sus narices.
Intentaron abrir la puerta para bajar a buscar a Cristian pero
estaban muertos de miedo.
Comenzaron a bajar…
CONTINUARÁ....


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