Capítulo 6:
Los finales felices existen.
-Espero que cumplas tu promesa, ¿eh?.
Ahora que Sara estaba con Gabriel, no quería perderle nunca. Él
era el chico con el que quería compartir todo los momentos felices.
-No te voy a defraudar, ¿Vale,
fea?
Gabriel cumpliría su promesa, por lo menos eso decía él. Ambos
pensaban en que ahora que estaban juntos, no querían separarse el uno del otro.
-¿Soy fea?-Pregunto Sara.
-Pero ¿eres boba?-Nunca en mi
vida he visto una chica tan guapa como tú. Tanto tu interior, como tu exterior,
me encanta.
-¿Qué quieres, que me ponga
roja?-Dijo Sara con voz vergonzosa.
-Ahora mismo lo único que quiero
es un abrazo tuyo-Gabriel respondió a Sara con un gran suspiro.
-Ven aquí bobo.
No llevaban ni un mes. Pero la confianza y todo lo que se habían
llegado a querer en el tiempo que llevaban, era inmenso. Estaban hechos el uno
para el otro. Cuando se veían, se sonrojaban, se ponían nerviosos, y las ganas
que tenían de abrazarse, eran impresionantes. Gabriel fue a que Sara le diese
ese abrazo.
-Me encantan tus abrazos-dijo
Gabriel a Sara.
-A mí me encantas tú- Respondió
Sara a Gabriel.
-Que boba que eres, ¿eh?
-Respondió Gabriel intentando “enfadar”
a Sara.
-Más bobo eres tú, bonito.-
Respondió Sara enfadada.
-Me tengo que ir a casa. Y no me
quiero ir mal a casa pensando que la chica que más quiero está enfadada
conmigo- Dijo Gabriel a Sara.
-Como me voy a enfadar contigo,
bobo. –Dijo Sara con una sonrisa picarona.
-Más te vale, que no quiero
estar mal contigo.
-Ni yo contigo pedazo de bobo.
Más te vale venirme a ver de nuevo dentro de poco. –Refunfuñó Sara
-En cuanto pueda te prometo, que
de nuevo estoy contigo.
Gabriel se fue. Al llegar a casa vio que había varias cajas con:
ropa, objetos, etc…
-¿Qué es todo esto?- Preguntó
Gabriel a sus padres con voz de preocupado.
-Ya te lo hemos dicho Gabriel,
nos mudamos, en dos días.- Respondieron algo malhumorados y estresados.
-No me voy a ir de aquí. Tengo
lo más importante en este lugar. Le he prometido que nunca le voy a dejar, que
siempre voy a estar junto a ella.
- Lo siento, hijo. Pero tu padre
ha conseguido un nuevo trabajo. Estamos a dos horas de aquí. Te prometo que
cuando quieras te traigo, ¿Vale?-Le contestó su madre emocionada. Ella sabía lo que era renunciar a un verdadero amor, y más aún, al
primer amor.
-Vendré todos los días aquí. Se
lo he prometido, no la voy a defraudar.-Respondió Gabriel a su madre.
- A lo mejor todos los días no
puedes venir- Dijo su madre a Gabriel.
- Si, todos los días voy a venir
aquí. Como si tengo que venir andando todos los días, me da igual. No la quiero
perder nunca. Es lo más grande que tengo y no voy a dejar que la distancia nos
separe. La distancia sólo separa cuerpos no sentimientos-Contestó Gabriel a su
madre emocionado-
-La quieres ¿verdad?, quiero
decir… de verdad hijo. La quieres de verdad. -Preguntó su madre a Gabriel.
-¿Sólo quererla?- Respondió el.
Gabriel cogió el móvil y escribió un mensaje a Sara, su novia.
-“Hola enana. ¿Qué te parece si
nos vamos lejos mañana y sin avisar a nadie? Mis padres se quieren ir de aquí en
dos días y no soportaría perderte. Me quiero ir contigo, lejos de aquí. A
cualquier lado, pero contigo. Somos pequeños para poder tener una vida sin
ayuda de nuestros padres. Pero te tengo a ti, y eso es lo que me importa.
Mañana a las 17:00 en tu portal ¿Vale boba?”.
-“¿Estás loco Gabriel? Pero
acepto. Yo no soportaría perderte. Vámonos juntos, Pero no tenemos dinero ni
nada…-Respondió Sara”.
-“Estoy loco, pero por ti.
Mañana te paso a buscar. Me pondré a trabajar ¿Vale? Deja una nota a tus
padres, yo se la dejaré a los míos. Llévate toda la ropa que puedas y que no se
den cuenta.”
-Vale feo, mañana te espero
aquí. Te quiero- Contestó Sara a Gabriel.
Gabriel comenzó a escribir la carta a sus padres.
“Papá, mamá. Sólo quería deciros que no me busquéis. Estaré bien
junto a la niña que más quiero. Es una locura, pero vosotros también haríais
esto por amor. De vez en cuando os escribiré una carta para contaros mí día a
día. No me odiéis, por favor. Os quiero mucho.”
Gabriel tenía todo preparado. Cogió unos ahorros que tenía desde
pequeño. Eso le valdría para unos meses.
Sara cogió un papel y empezó a escribir la carta de despedida
dirigida a sus padres.
“No olvidéis nunca que os
quiero. Me voy con el chico al que amo. No me busquéis, porque cuando os deis
cuenta ya estaré muy lejos. No os quiero
hacer daño. Pero le quiero a él y nunca me quiero separar de él. Os llamaré de
vez en cuando para saber cómo estáis. Os lo prometo.”
Llegó el día. Era casi la hora para poder irse juntos. Gabriel
salió de casa cuando sus padres no se dieron cuenta. Sara hizo lo mismo. Esta
historia acaba aquí. Eran jóvenes, pero…de los errores se aprende, ¿no?
Todos hemos tenido una serie de problemas a lo largo de la vida,
pero se intentan solucionar. No tenían estudios, pero intentarían buscarse la
vida por si solos. Gabriel estuvo buscando trabajo, pero con su edad era muy
difícil trabajar, casi imposible. Gabriel no se rendía, y no paraba de buscar
para poder mantener la casa que tenían él y Sara, lejos del poblado.
Cada noche antes de acostarse tenían su pequeño momento en su
lugar preferido de la casa. Una pequeña ventana situada al lado de la chimenea
del salón. Y allí, juntos, en la oscuridad de la noche, sólo podían pensar en
su familia y en qué pensarían de ellos.
Carla no volvió a saber nada de ellos, ni ellos de Carla. Cada uno
hacia su vida.
Sus padres estaban preocupados, como cualquier padre o madre. Sara y Gabriel hablaron del tema y
decidieron que aunque querían seguir viviendo juntos debían contarle a sus
padres dónde estaban. Desde entonces todas las semanas, Sara y Gabriel hablaban
con sus padres, y les contaban como iba todo. Los padres de ambos les pasaban
dinero cada mes, para ir tirando poco a poco y hacer una vida nueva. Aunque
fuese lejos de ellos
Sara y Gabriel al cabo de los años,
seguían juntos. Juntos y felices, era lo que importaba. Y no perdieron el
contacto con ninguno de sus padres.
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