CAPÍTULO 7
EL ÚLTIMO VIAJE DE LAS VACACIONES
Por fin conseguimos montar en el avión y cuando pasaron dos
horas empezó a emitir un ruido muy escandaloso. El piloto nos dijo que tenía
que hacer una parada de emergencia en el aeropuerto de Barajas (Madrid) para cambiar de avión y continuar el viaje. Cuando
paramos nos fuimos a otro avión pero resultó
ser más pequeño y dos parejas se quedaron fuera. Obviamente la pareja tenía el
vuelo pagado y no iban a dejarles allí. Nos tocó esperar 16 minutos a que
llegase un compañero de esa empresa con un avión más grande y así lo hicimos.
Tras pasar veinte minutos emprendimos de nuevo el viaje y, al
cabo de cuatro horas y media aterrizamos en Oporto (Portugal). Cuando nos
bajamos del avión nos fue a buscar un familiar al aeropuerto.
Al llegar a casa me llamó por teléfono Ángel diciéndome que si tenía yo el cofre. Yo
le contesté que no lo tenía y él me dijo que tampoco lo tenía. Ninguno de los
dos sabíamos qué hacer. El cofre se había quedado en el avión.
Decidimos llamar al aeropuerto por si los de la limpieza lo
habían encontrado. Llamamos y les dijimos que acabábamos de aterrizar en
Portugal con el vuelo 1998 y que nos habíamos dejado allí un cofre con joyas
dentro. Ella nos respondió que ya habían dado parte de ello y que lo tenían
guardado en el aeropuerto en la sucursal de aena.
Cuando llegamos a por ello dimos nuestros datos y nos lo dieron
pero Ángel se cabreo conmigo y dijo que no volvería a hablarme nunca, esas
serian nuestras últimas vacaciones.
Me puse muy triste al escuchar sus palabras y le dije: -¿por
qué? Ha sido culpa de los dos. Ambos éramos responsables del cofre y ya lo tenemos
con nosotros.
El cofre poseía un valor sentimental para los dos y ninguno
sabíamos que habríamos hecho si no lo hubiésemos encontrado.
Tras discutir varias horas estuvimos sin hablar durante tres meses. Esas
fueron las peores tres semanas de mi vida y, por todo ello guardo un mal
recuerdo.
Me di cuenta de que no podía estar sin hablar a Ángel era uno
de mis mejores amigos. Sé que se cabreó con “razón” pero fui yo quien dio su
brazo a torcer. Finalmente mereció la pena, ya que cuando llegué a su casa
también él quería reconciliarse. Él me hizo un regalo para que le perdonase, era
lo más bonito del mundo.
Olvidamos nuestro pequeño conflicto y nuestra amistad continuó
como si nada hubiera pasado. De nuevo éramos
amigos.
Al cabo de un tiempo
paseando decidí ir a su casa. Cuando subí en seguida me preguntó por el perro. Me
preguntó que cómo se llamaba y yo le respondí que se llama “RA”. Me preguntó
que de dónde había sacado ese nombre a lo que yo le respondí que de las
iniciales de nuestros nombres, Raúl y Ángel. A él le agradó mucho ese nombre y le
hizo muchísima ilusión.
Así finalizaron nuestras vacaciones por Valladolid. Si hubiésemos
pasado algún día más sin hablarnos no sé qué podría haberme pasado ya que es
uno de mis mejores amigos. Julio también se alegró mucho de que hiciésemos las
paces y que el año que viene si el destino lo permitiera volveríamos a hacer otro viaje y esperábamos tener mejor
suerte. Sin perdernos, olvidarnos cosas o tener que pasar por comisaría.
Además nunca olvidaríamos nuestro viaje pese a todos los
momentos difíciles. Para ello teníamos algunas fotografías que hicimos en
Valladolid y mi perrito RA.
FIN
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