martes, 10 de junio de 2014

ÚLTIMO CAPÍTULO 7: Perdidos en valladolid (RAÚL)

CAPÍTULO 7


EL ÚLTIMO VIAJE DE LAS VACACIONES

Por fin conseguimos montar en el avión y cuando pasaron dos horas empezó a emitir un ruido muy escandaloso. El piloto nos dijo que tenía que hacer una parada de emergencia en el aeropuerto de Barajas (Madrid)  para cambiar de avión y continuar el viaje. Cuando paramos  nos fuimos a otro avión pero resultó ser más pequeño y dos parejas se quedaron fuera. Obviamente la pareja tenía el vuelo pagado y no iban a dejarles allí. Nos tocó esperar 16 minutos a que llegase un compañero de esa empresa con un avión más grande y así lo hicimos.
Tras pasar veinte minutos emprendimos de nuevo el viaje y, al cabo de cuatro horas y media aterrizamos en Oporto (Portugal). Cuando nos bajamos del avión nos fue a buscar un familiar al aeropuerto.
Al llegar a casa me llamó por teléfono  Ángel diciéndome que si tenía yo el cofre. Yo le contesté que no lo tenía y él me dijo que tampoco lo tenía. Ninguno de los dos sabíamos qué hacer. El cofre se había quedado en el avión.
Decidimos llamar al aeropuerto por si los de la limpieza lo habían encontrado. Llamamos y les dijimos que acabábamos de aterrizar en Portugal con el vuelo 1998 y que nos habíamos dejado allí un cofre con joyas dentro. Ella nos respondió que ya habían dado parte de ello y que lo tenían guardado en el aeropuerto en la sucursal de aena.
Cuando llegamos a por ello dimos nuestros datos y nos lo dieron pero Ángel se cabreo conmigo y dijo que no volvería a hablarme nunca, esas serian nuestras últimas vacaciones.
Me puse muy triste al escuchar sus palabras y le dije: -¿por qué? Ha sido culpa de los dos. Ambos éramos responsables del cofre y ya lo tenemos con nosotros.
El cofre poseía un valor sentimental para los dos y ninguno sabíamos que habríamos hecho si no lo hubiésemos encontrado.
Tras discutir varias horas  estuvimos sin hablar durante tres meses. Esas fueron las peores tres semanas de mi vida y, por todo ello guardo un mal recuerdo.
Me di cuenta de que no podía estar sin hablar a Ángel era uno de mis mejores amigos. Sé que se cabreó con “razón” pero fui yo quien dio su brazo a torcer. Finalmente mereció la pena, ya que cuando llegué a su casa también él quería reconciliarse. Él me hizo un regalo para que le perdonase, era lo más bonito del mundo.

Con esa carita sería imposible perderlo y le di las gracias.
Olvidamos nuestro pequeño conflicto y nuestra amistad continuó  como si nada hubiera pasado. De nuevo éramos amigos.
 Al cabo de un tiempo paseando decidí ir a su casa. Cuando subí en seguida me preguntó por el perro. Me preguntó que cómo se llamaba y yo le respondí que se llama “RA”. Me preguntó que de dónde había sacado ese nombre a lo que yo le respondí que de las iniciales de nuestros nombres, Raúl y Ángel. A él le agradó mucho ese nombre y le hizo muchísima ilusión.
Así finalizaron nuestras  vacaciones por Valladolid. Si hubiésemos pasado algún día más sin hablarnos no sé qué podría haberme pasado ya que es uno de mis mejores amigos. Julio también se alegró mucho de que hiciésemos las paces y que el año que viene si el destino lo permitiera volveríamos  a hacer otro viaje y esperábamos tener mejor suerte. Sin perdernos, olvidarnos cosas o tener que pasar por comisaría.
Además nunca olvidaríamos nuestro viaje pese a todos los momentos difíciles. Para ello teníamos algunas fotografías que hicimos en Valladolid y mi perrito RA.




FIN

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