viernes, 15 de noviembre de 2013

Capítulo 1: La casa encantada (CRISTIAN)



Capítulo 1:


La entrada

Hola amigos os voy a contar lo que nos sucedió a unos amigos y a mí en un pueblo llamado Zaratán de camino a una casa embrujada y los misterios que allí nos esperaban.
Los protagonistas de esta historia somos tres adolescentes; Rubén, Alejandro y Cristian que soy yo.

Era un día lluvioso, de esos que lo último que apetece es salir a la calle, y mis amigos y yo queríamos ir a la vieja casa embrujada del monte “Chilliad”. Mis amigos y yo no teníamos medios para poder ir a la casa, así que decidimos llamar a mi padre para que nos llevase hasta el lugar.
Mi padre nos dijo que el coche estaba en el garaje y que teníamos que correr hasta allí porque llovía mucho y sino nos empaparíamos.

Al cabo de cinco minutos llegamos corriendo hasta el garaje. Nos subimos al fabuloso “Buggatti” de color blanco y nos dirigimos hasta el monte Chilliad. Mi padre pensaba que queríamos pasar unos días acampados por allí. Le parecía una zona preciosa y tranquila para descansar y pasarlo bien con los amigos.

Durante el viaje Rubén preguntó a mi padre: -¿Cuánto vamos a tardar en llegar? ¿Queda mucho? Mi padre fanfarroneando del coche que tenía contestó: -No se exactamente cuanto queda pero con este coche seguro que llegamos en seguida, además me estoy quedando sin gasolina.

Mi amigo Alejandro angustiado por quedarse perdido en medio de la nada, le dijo a mi padre: -Queda muy poco depósito no creo que lleguemos. Pero mi padre sabía que llegaríamos. Pisó a fondo el acelerador y todos pegamos un brinco en nuestros asientos al ver la velocidad del coche.
-¡Papá! Vas a matarnos grité regañándole.
Rubén riendo a carcajadas dijo: - ¡Este coche es una pasada!  Durante todo el viaje, la lluvia no había cesado ni un momento. En un principio nos daba miedo que pudiese pasarnos algo  pero con todo lo que llevábamos  de viaje, el miedo se nos había pasado.

Seguramente os preguntéis: -¿qué tiene de encantada la casa del monte Chilliad? Hace dos años esa casa estaba habitada por unos extraños y locos inquilinos que no dejaban de reírse…

-¡Mirad chicos ya estamos aquí! dijo Rubén. Mi padre nos dejó allí y se dio la vuelta con intención de buscar una gasolinera y volver a casa. Él me llamaría al llegar para saber que el viaje había ido bien.
Una vez que mi padre se marchó, nos pusimos rumbo a la casa encantada que según nuestros planos no quedaba lejos de donde estábamos. 




Por fin llegamos allí, y aquella casa era mucho más impresionante de lo que podríamos haber imaginado cualquiera de nosotros. Era una casa enorme y estaba medio en ruinas. 

Nos pusimos a caminar en dirección a la casa, pero, justo cuando íbamos a entrar, sucedió algo horrible. Las puertas chirriaron muchísimo y nos asustamos, así que nos pusimos a correr hacia delante adentrándonos en la misteriosa casa.
Una vez dentro encendimos las linternas ya que la casa no tenía ni luz ni energía.  Cada uno de nosotros estábamos mirando para un lado, cuando de repente una sombra tenebrosa me cogió por detrás y antes de que ninguno de mis amigos pudiese darse cuenta, había desaparecido.


Todos los demás buscaron a su alrededor buscándome. Rubén gritaba: -¡Cristian! ¿Dónde estás Cristian? Pero nadie respondió  a los gritos. Todos se quedaron callados pero rápidamente algo rompió el silencio sepulcral de la sala. Era Alejandro que gritaba; -¡Rubén ayúdame! ¡SOCORRO! Él no pudo hacer nada para ayudarle y se quedó solo en la oscura casa. Él encontró las dos linternas de sus amigos. Rubén se encontraba muy triste por nuestra desaparición decidió no rendirse e ir a buscarnos. Toda esta situación le daba fuerzas para seguir adelante.
Rubén siguió avanzando por la casa y se dispuso a entrar en el gran salón de aquella casa tan misteriosa.

Se encontraba frente a aquel inmenso salón paralizado sin saber muy bien cómo actuar y escuchando aún el ruido que los grandes portones oxidados habían hecho al abrirse.

De repente las puertas se cerraron de golpe haciendo un ruido estrepitoso. Se quedó en silencio a ver si era capaz de escuchar algún sonido relacionado con Alejandro o conmigo pero ninguno de ellos parecía que fuese nuestro.

Rubén empezó a buscarnos habitación por habitación sin rendirse, no podía dejarnos allí aunque tuviese que enfrentarse al peligro de estar solo en una casa como esa.

Había buscado en muchísimas habitaciones de la planta baja por lo que decidió subir por unas grandes escaleras a la buhardilla de la casa.






CONTINUARÁ...


3 comentarios: