CAPÍTULO
1:
EL
CASTILLO DE ORIENTE

Había una
vez un castillo situado al Noroeste de Oriente. El castillo se situaba a
orillas de un enorme lago, cuyas aguas eran azules y cristalinas, tanto que en
las primeras horas de la mañana el castillo quedaba reflejado en el agua.
La hermosura
y grandiosidad del Palacio Real de los Monarcas Ferreduela Jiménez hacía que
muchos turistas se acercaran a visitarlo.
El
inmenso Palacio contaba con más de trescientas habitaciones, divididas en las
cuatro secciones con las que contaba.
Entre las
múltiples instalaciones, podíamos encontrarnos con una inmensa piscina situada
en el centro del castillo, quedando rodeada por él.
Ya de
niña, la princesa Damaris comenzó a recibir clases de equitación en otro de los
ponis del rey, la valiente, “Gordita” apodada así por la princesa.
Entre las aficiones de la
princesa estaban sus sesiones matutinas de belleza. Para ello contaba con los
mejores estilistas del mundo, y un amplio salón en el pabellón Norte del
Castillo. En este salón podíamos acceder a la sección de peluquería,
hidromasaje, pedicura, manicura y maquillaje facial.
En
ocasiones podían realizarse pruebas de vestuario, para los diferentes
acontecimientos a los que tenía que acudir la princesa Damaris.
Por otro
lado, el interior del castillo recibía luminosidad por los amplios ventanales
de Palacio. Al entrar por la puerta principal del Castillo, podíamos observar
un gran salón dividido en dos por unas
inmensas escaleras adornadas con una enorme alfombra roja aterciopelada.
Todo era
majestuosidad en este Palacio, tanto sus salas, como los pasillos que
comunicaban cada una de ellas. Tanto es así, que en ocasiones resultaba todo un
reto no pederse entre las distintas alas del Castillo.
CONTINUARÁ...

Este es el cuento que más me gusta ... quiero mas!
ResponderEliminar¡Qué cuento tan chulo! Estoy deseando saber cómo sigue :)
ResponderEliminarYo también lo estoy deseando :) Vaya escritores van a salir este año, ¿verdad?
ResponderEliminaresta bien haz mas
ResponderEliminar